"En esa época no
se cantaban, casi, los tangos. Eran estilos y tonadas criollas.
Vino después la canción del tango, sentimental o traviesa, arrabalera
y pintoresca, con penas de ausencia, amores contrariados, puñaladas
de guapo y llantos de niña engañada. Florecieron los poetas de las
humildades porteñas y en cada barrio se oyó un bandoneón modulando
tangos con motivos de las canciones venidas de todos los puertos.
En el mismo crisol de razas que fundió al porteño, encontró su forma
el tango-canción, penas de muchacho de aqui, que el viento llevó
a traves de los mares para emocionar a inquietas muchachas de París
o encantar a blondas millonarias anglosajonas. No basta con tener
la voz más melodiosa para entonar un tango. No. Hay que sentirlo,
además. Hay que vivir su espiritu. Yo lo vivo, lo siento en la mirada
dulce de una bella y empaquetada mujer que me ve pasar veloz en
mi "voiturette"; sé que soy el tango cuando al salir del
hipódromo me siguen con la vista los muchachos de la popular; no
me engaño cuando el sastre se esmera por hacerme su mejor traje
o la vendedora me busca entre todas, la corbata más linda. Sé que
el homenaje es al tango. Yo soy para ellos el tango. Y me gusta,
porque así soy más criollo. Aún cuando entono una dulce canción
francesa, aún cuando la gente me escucha las bellas notas de "Parlez
moi D'Amour", yo sé que soy el cantor de tangos que se presta
para otras canciones."
(Carlos Gardel en una entrevista para: Diario Noticias Gráficas,
del 21 de septiembre de 1933).
|